El peso probatorio

Una cuerpo sometido al escrutinio, unos actos, los de Ella, analizados hasta la extenuación, dos segundos que son prolongados en la mente del juzgador con el objeto de asegurarse de que no existe intención lúbrica. El vídeo dentro del cubículo, la enumeración y descripción de las tomas, la interpretación de los gemidos. En un momento dado quien está grabando deja de hacerlo, las imágenes son demasiado cruentas… Es entonces cuando dos de los juzgadores consideran que la víctima está arrinconada y se encuentra en una situación lo suficientemente delicada como para considerar que se dan las circunstancias del abuso sexual, pero no de agresión. 370 folios, 234 de ellos de voto particular absolutorio.

Mantener la objetividad es difícil, nadie lo niega pero es mucho más difícil en 370 folios, me atrevería a decir que es casi imposible.  En la sentencia se fundamenta jurídicamente, sí, se responde a la estrategia de la defensa, sí, pero también se somete a una disección casi milimétrica a la víctima y no a los cinco encausados.

Se habla de tecnicismos jurídicos, de una cierto margen interpretable. Siendo sincera no he leído ningún concepto jurídico a lo largo de la sentencia especialmente complejo. Los juzgadores hablan de prevalimiento en lugar de intimidación en base a la superioridad de los cinco encausados, niegan que haya violencia puesto que  la denunciante se sometió y  no dio lugar a ningún forcejeo. Llegados a este punto aparece el concepto del consentimiento, un concepto que pone a examen a la víctima. El Convenio del Consejo de Europa sobre Prevención y Lucha contra la Violencia contra las Mujeres y la Violencia Doméstica (Convenio de Estambul), ampliamente considerado el marco jurídico más completo hasta la fecha para combatir la violencia contra las mujeres y niñas, obliga a los países firmantes a penalizar todo acto de carácter sexual realizado sin consentimiento. Ni es nuevo ni es innovador. Es una norma internacional reconocida de derechos humanos. A pesar de que el Convenio de Estambul ha sido ratificado por más de veinte Estados europeos, la mayoría de ellos no han modificado aún sus definiciones legales de violación, entre ellos España. Al margen de que hubiera o no consentimiento es inevitable preguntarse: ¿el acto descrito en los hechos probados no implica en sí mismo violencia?

La realidad es que María cerró los ojos, se sometió, sólo quería que acabara… cuanto antes… todo aquello… Pero no acabó. Ni mucho menos acabó. No han bastado los testimonios de quienes la recogieron desconsolada, sola, en la calle, ni los informes de la policía que describen aquel portal con los rastros de semen, ni las pruebas psicológicas y forenses, ni las declaraciones de la denunciante durante la instrucción y en la vista, ni el vídeo que suciamente y sin su consentimiento grabaron. Aunque María midió cada una de las palabras para que no se la interpretara mal, aunque señaló a los denunciados de manera coherente y persistente aún se duda de que sufriera una agresión sexual, debe excusarse por NO reaccionar, por entrar en un portal con cinco chicos.

Aún le queda un largo recorrido, judicial y mediáticamente. Recurso de apelación, Casación, sentencia del Tribunal Supremo ¿Cuánto tiempo más no podrá mirar hacia delante?, ¿y las demás víctimas de violación?, ¿caerá o estará cayendo sobre ellas el mismo escrutinio jurídico?, ¿la misma dilación?, ¿el mismo peso probatorio?

Mal visto

Ha sorprendido el movimiento social que se ha generado a partir de la sentencia del caso de #LaManada. Y es que disgustan las verdades. Verdad es que muchas nos hemos sentido agredidas alguna vez en nuestra vida en mayor o menor medida, verdad es que hemos callado o guardado la compostura porque se nos educó en el miedo, verdad es que por ser mujer debemos asumir riesgos y medir cada uno de nuestros gestos porque se supone que guardan una segunda intención y siempre, qué curioso, en sentido sexual.

Molestan nuestras voces porque no se está acostumbrado a escucharnos. Se habla de un movimiento inquisitorial, exacerbado. El Pensamiento Único, lo llaman. Este es un síntoma claro de que no se nos permite unirnos ni acompañarnos. Manifestarse si eres mujer está mal visto. Nos han dejado solas. Sí, algunos nos comprenden pero hoy por hoy son minoría. 

Bajo la etiqueta de lo políticamente incorrecto se elaboran artículos en prensa, los que callan se muerden la lengua, otros buscan el punto transgresor. El caso es no renunciar al protagonismo. Slavoj Zizek, sin ir más lejos, el filósofo que ha recibido la medalla de oro de las Bellas Artes en Madrid, un hombre repleto de recursos, versado en la anécdota, ha llegado a afirmar “Cuando las mujeres se visten provocativas, se objetualizan para atraer al hombre, están jugando activamente. Y esto es lo que molesta a nuestro chovinismo masculino que se indigna contra una chica que provoca y luego no quiere acostarse con nosotros. Rechazo la crítica a la objetualización que hace el feminismo; estoy a favor, es uno de los mayores logros de la liberación sexual. Las mujeres tienen derecho a objetualizarse; deberían tener el control del juego de la seducción”. Pero el juego de la seducción está fuera del discurso de las libertades de una persona, y mucho menos la idea de la objetualización. La liberación sexual de la mujer es nervio puro no objeto.

Dejen de meterse en nuestros pensamientos, por favor, no lean nuestra mente porque casi nunca aciertan.

 


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