Punto de ruptura

Ayer se escucharon en los medios de comunicación de toda España proclamas sobre la violencia de género, el acoso laboral, el acoso sexual, el techo de cristal, la brecha salarial, el cuidado del hogar, la discriminación de género… los políticos, durante unas horas dejaron de hablar del cisma catalán; seguramente al ver el número de personas que secundaron el movimiento se plantearon incluir medidas en materia de igualdad en sus programas electorales. Ayer se paró el mundo para reflexionar sobre el camino recorrido. Hombres y mujeres de la mano o en solitario, jóvenes y no tan jóvenes viviendo en contradicción entre lo que la evolución de la sociedad precisa y la tendencia del ser humano en aferrarse al pasado. Tuvieron lugar manifestaciones en ciudades y pequeños pueblos, paros de 24 o 2 horas -según las circunstancias de cada uno-; algunas mujeres se quedaron en casa, guardando silencio por un sentido de lealtad malentendido con el marido o una regla impuesta tácitamente de puertas para adentro; otras, las más hastiadas ni si quiera se plantearon colgar el delantal en la ventana. Pero lo que está claro es que antes de celebrarse la huelga convocada este ocho de marzo, fue y ha sido todo un éxito, desde hace meses se habla en los hogares de manera abierta de temas que si echas la vista atrás era imposible que fueran planteados. Es bueno que los niños y niñas escuchen, estén presentes, sientan las nuevas derivas.

La brecha salarial es el punto de ruptura en la partida de ajedrez y, parece que hoy por hoy nadie está dispuesto a mover ficha.

Seamos honestos. Los que han gobernado durante décadas no han hecho lo suficiente por igualar los salarios y establecer una categorización de empleos justa. Muchas son las mujeres que han demostrado que se puede contar con ellas, que son proactivas tanto profesional como personalmente, pero estas no han sido correspondidas ni económica ni moralmente. La brecha salarial es el punto de ruptura en la partida de ajedrez y, parece que hoy por hoy nadie está dispuesto a mover ficha. Algunos consideran que las medidas de penalización para aquellas empresas que no lleven a cabo una verdadera inclusión laboral son una herramienta intrusiva, sin embargo, esos mismos han contado con un tiempo preciosísimo para mostrar un gesto que demostrara una mínima intención de romper el techo de cristal, o su voluntad de ir de la mano en la toma de decisiones importantes con las mujeres; y no lo han hecho.

Debemos ser conscientes de que el ser duras con nosotras mismas es un desgaste innecesario. Perdonarnos y perdonar es igual de importante.

Tampoco las mujeres debemos eludir las responsabilidades. Más de una ha mirado a otra con excesiva ojeriza por aspirar a ser independiente o simplemente  serlo, paralizada en ese miedo de establecer unas reglas de juego en las que tiene más posibilidades de quedarse “sola” o fuera del “status”; ha opinado con reprobación sobre aquella que ha denunciado un acoso sexual, quizá como una forma de poner distancia al problema. No hay peor perversión que aquella en la que el verdugo hace cómplice a la víctima. Debemos ser conscientes de que el ser duras con nosotras mismas es un desgaste innecesario. Perdonarnos y perdonar es igual de importante.

La tecnología permite tiempo, provee distancia respecto de los peligros físicos, estimula lo intuitivo, anula la cuestión de género.

Mirar al futuro, se trata de eso. Más en los tiempos en que vivimos. La tecnología permite tiempo, provee distancia respecto a los peligros físicos, estimula lo intuitivo, anula la cuestión de género. No hay un ordenador diseñado exclusivamente para el hombre o para la mujer, las máquinas reaccionan al tacto, la Inteligencia Artificial carece de sexo. No solo a la mujer sino también al hombre se le abre un mundo de posibilidades de conocerse a sí mismo. Las máquinas y los avances en la ciencia. Sustitutivo. Una sociedad más mental, menos sexualizada. Nunca debió haber una excusa pero hoy, más que nunca, no es necesario alimentar la imagen del hombre competitivo, implacable, proveedor de dinero, dispuesto a la lucha; tampoco de la mujer advenediza, complaciente, madre de sus hijos.

Mucho queda por hacer pero, sin duda, ayer fue un punto de ruptura y debemos sentirnos orgullosos como sociedad de ello.

 


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