Una historia de amor

«En el verano de 1963 yo me enamoré y mi padre se ahogó». Así comienza Agua salada, de Charles Simmos (Editorial Errata Nature), en parte, autobiográfica, se inspira en la célebre novela de Iván Turguénev, Primer amor

Verano de 1963, Bone Point, un pueblo costero paradisiaco y aislado de la rutina. Michael pasa las vacaciones estivales junto a sus padres en una bonita casa, mientras alquilan la vivienda aledaña.

A lo largo de la novela Michael experimenta esa transición del mundo infantil al mundo adulto, esa mole imponente llena de descubrimientos y sentimientos encontrados, entre ellos el primer amor, personificado en la hija de la inquilina, Zina, varios años mayor que él. Sin embargo, la historia de amor entre Michael y Zina no es el centro de la novela, sino los sucesos amorosos de los adultos que los rodean. Michael idolatra a su padre, mira a través de sus ojos, casi siente a sus expensas.

«La trama amorosa entre Michael y Zina no es el centro de la novela, sino los sucesos amorosos de los adultos que los rodean»

La novela en un principio se impregna del olor del mar y el azul salvaje, de la belleza de sus bahías, del vaivén de un velero, de la calma que aún transmite la visión del hombre- adolescente…, los paisajes deslumbran, al igual que deslumbra la franqueza del narrador. Pero a medida que avanza la lectura, la trama se vuelve más arenosa, sigue siendo cálida, pero una calidez húmeda y desconcertante. Porque la novela no pretende dar respuestas (esto no quiere decir que el desenlace sea abierto, ni mucho menos) sino despertar esa sensación abrupta y descarnada que caracteriza a la adolescencia.

 

 

Esto nos sugiere que, aunque el libro es de lectura sencilla, se percibe el gran trabajo literario del autor a la hora de adaptar el lenguaje y la visión psicológica del protagonista; con maestría entreteje una narración serena y lúcida, donde solo cuenta lo imprescindible para atrapar la imaginación del lector y dejar que este imagine lo que verdaderamente le está contando: la lucha entre fascinación y egoísmo del primer amor.

«La sensación de desarraigo que va unido a la adolescencia, en Agua salada se intensifica con el amor en su sentido más amplio de la palabra»

Alguno han comparado el lenguaje de esta novela con el de Salinger en el El guardián entre el centeno, y no les falta razón. “Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield, pero no tengo ganas de contarles nada de eso […], así arranca la novela de Salinger, con una referencia a otro gran clásico de la novela de aprendizaje, David Copperfield de Dickens. La novela de adolescencia, más conocida como novela de iniciación es abundante en el imaginario literario: En busca del tiempo perdido de Proust, pasando por La educación sentimental de Flaubert, el Rojo y negro de Stendhal, Las ilusiones perdidas de Balzac o El adolescente de Dostoievski, son solo algunos ejemplos. La sensación de desarraigo que va unido a la adolescencia, en Agua salada se intensifica con el amor en su sentido más amplio de la palabra: entre padre e hijo, entre hombre y mujer, entre el ser humano y la naturaleza.

Valoración 4/5

 


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