Sopa de gelatina

Con solo olernos atendíamos a la mecánica del sexo.

¡El frío de las pantorrillas que acribillé!,

¡tus muslos entre los míos buscando la sopa de gelatina!

¡Qué bien nos supo! ¡Qué bien!

La pereza, bien lo sabes, fosiliza a esas horas las caricias.

Tu aliento de arena en el mío.

Entonces, no conocía la demencia ni la sed.

Te alejaste y la taza de café se quedó fría.

Tus gestos, tantas veces en mi memoria repetidos…

no he encontrado otras manos iguales a las tuyas,

ni esa voz profunda que sí ha sido ensordecida.

Mi pezón en tu boca

Mi pezón en tu

Mi pezón en

Mi pezón

Mi

Deja un comentario