Mirar a la naturaleza

Otoño literario. Ilustración de Marta Bielsa

La naturaleza ha sido una de las principales protagonistas de la literatura universal, a lo largo de la historia el escritor se ha refugiado en ella para evocar lo que no es capaz de plasmar en palabras. Schelling decía «Aquel a quien la Naturaleza se le aparece como algo muerto, jamás podrá alcanzar aquel profundo proceso, semejante al químico, gracias al cual, como acrisolado en el fuego, nace el oro puro de la belleza y la verdad», el filósofo alemán hallaba en la naturaleza armonía, como si un creador perfecto la hubiese generado con una finalidad, la misma que guía la inteligencia del hombre, sólo que éste conoce los fines de su acción, mientras que en la naturaleza la finalidad es desconocida.

Pero entre la naturaleza y el ser humano siempre ha existido una pugna. Santiago, el pescador y protagonista de la obra que le valdría un premio Pulitzer a Hemingway, El viejo y el mar, mantiene una incansable persecución contra un gigantesco pez durante tres días, el desenlace de esta lucha adquiere unas dimensiones tan ambiguas que es difícil determinar si finalmente es el pescador quien se hace con la victoria o si es el pez el vencedor. «El Hombre no es gran cosa junto a las grandes aves y las fieras. Con todo, preferiría ser esa bestia que está allá abajo en las tinieblas del mar». En más de una ocasión, la naturaleza se ha alzado como icono de monstruosidad –«Contemplé el lago: sus aguas estaban en calma; todo a mi alrededor respiraba paz y los nevados montes, «palacios de la naturaleza», no habían cambiado. Poco a poco el maravilloso y sereno espectáculo me restableció, y proseguí mi viaje hacia Ginebra. La carretera bordeaba el lago y se angostaba al acercarse a mi ciudad natal. Distinguí con la mayor claridad las oscuras laderas de los montes jurásicos y la brillante cima del Mont Blanc», Frankenstein de Mary Shelley; otras, como un refugio –«No vivo en mí, sino que me convierto en porción de lo que me rodea… Me sustraigo de todo lo que pueda ser o haya podido ser para mezclarme con el universo», Lord Byron(1788 – 1824 ), poeta inglés e itinerante, al que se considera como uno de los escritores más versátiles e importantes del Romanticismo-; o como símbolo de la oportunidad perdida – «Bajo el Nogal de las ramas extendidas yo te vendí y tú me vendiste. Allí yacen ellos y aquí yacemos nosotros. Bajo el Nogal de las ramas extendidas», 1984, George Orwell. En El Corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, el escenario selvático y amenazador representa la crueldad y las pequeñas mezquindades, soslaya el paisaje al tiempo que el alma del hombre –«Las extensiones de agua se abrían ante nosotros y se cerraban a nuestra espalda como si el bosque se hubiera adentrado tranquilamente en el agua para obstruir nuestro camino de regreso. Penetramos más y más en el corazón de la oscuridad»-. Muchos son los novelistas que han considerado fuente de inspiración para sus obras al medio ambiente, tanto como tema principal o por la riqueza en el detalle de las descripciones ambientales.

Del norteamericano Cormac McCarthy. Cuenta la historia de un padre y su hijo que emprenden viaje a través de unos Estados Unidos devastados por un cataclismo. En 2007, obtuvo el Premio Pulitzer en la categoría de ficción.

 

Novela revelación de las letras noruegas, es una historia épica y global en la que, mediante tres narraciones entrelazadas, Maja Lunde reflexiona sobre los seres humanos y su relación con la naturaleza a lo largo del tiempo.

 

De la americana Annie Proulx, autora de Brokeback Mountain, nos cuenta una trepidante epopeya que recorre tres siglos de venganzas, infamias y aventuras, con la explotación maderera como telón de fondo.

 

Sarah Hall, considerada como una de las mejores voces de la literatura inglesa del momento, describe con una inusual belleza la vida y el comportamiento de los lobos, así como el espectacular paisaje que los rodea como un espejo del ser humano.

 

Obra de ciencia ficción del norteamericano Frank Herbert en la que describe con todo detalle la vida en el planeta desértico Arrakis y, sobre todo, en la insistencia con que trata de inculcarnos la importancia de cuidar el medio ambiente.

 

De la canadiense Margaret Atwood. El mundo ha sido llevado a la catástrofe por el cientifismo incontrolado y la avaricia económica convirtiéndose en un lugar inhabitable. Un grupo de supervivientes que se hacen llamar los “Jardineros de Dios” tratan de comenzar una nueva vida.

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