El arte que nos salvará

¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick

En estas última década se ha hablado y escrito mucho sobre la Inteligencia Artificial, es ya una realidad en los campos de investigación y en el futuro tecnológico. DeppL, un traductor que funciona con un sistema de inteligencia artificial capaz de procesar un millón de palabras en menos de un segundo, promete desbancar a Google Translate; elabora textos de forma mucho más natural que el magnate de Internet. El arte, en cada una de sus expresiones, ¿será capaz alguna vez de codificarse? Cualquiera que haya usado un traductor en línea ha tenido la sensación de que las traducciones son algo robóticas, en muchas ocasiones se nota claramente que el texto ha sido elaborado de forma mimética. Sin embargo, esta última aplicación (DeppL) precisa lingüísticamente los resultados. Si deseas traducir algo rápidamente, sobre todo si estamos en el extranjero y no conocemos el idioma dicha herramienta es interesante. Pero, ¿es todo pragmática y celeridad hoy en día?, ¿queremos convertirnos en meros reservorios de las combinaciones mimetizadas?

“Somos máquinas, estampadas como tapones de botella. Es una ilusión ésta de que existo realmente, personalmente. Soy sólo un modelo de serie.” ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, del escritor Philip K. Dick

La tendencia del ser humano a crear un ente a imagen y semejanza suya a partir de retazos de una vida donde poder reflejarse y ensayar la inmortalidad ha existido siempre. En la literatura de ficción aparece por primera vez de la mano de Mary Shelley y su románico Prometeo. Frankestein, el primer prototipo biónico de la historia, un ser ensamblado de base biológica, cuya conciencia sería lo más parecido a la Inteligencia Artificial que entendemos hoy en día. Tendrían que transcurrir algunas décadas más para que el género de la ciencia ficción madurase y la imitación robótica despertara el interés de los lectores; fue en la década de los años 30, en las revistas impresas en celulosa de baja calidad, tales como como Astounding Sciencie FictionAmazing StoriesFantasy and Sciencie Ficction, las conocidas como pulp, donde se publicaron una cantidad ingente de relatos, cuentos y novelas donde los robots amenazaban a sus creadores, aniquilándolos. Mucho antes de 2001: Odisea en el espacio se había escrito ya sobre un futuro un tanto desalentador para el ser humano en el que las máquinas no eran, precisamente, aliadas del hombre. La creación tecnológica se rebelaba, el espejo se rompía. Como uno se puede imaginar, el público lector de estas historias de los años 30 no reaccionó bien ante la proliferación de este tipo de ocasos, tanto fue así que John W. Campbell Jr., editor de la revista Astounding Sciencie Fiction, convenció al escritor Isaac Asimov, autor de El Hombre bicentenario, para que en uno de sus cuentos, donde aparecían varios robots, dejara declarado y por escrito, una especie de garantía de seguridad con la cual estas sofisticadas máquinas no constituyesen un peligro para los seres humanos. En estas primeras publicaciones nace la importancia de la filosofía y la ética en la Inteligencia Artificial. ¿Qué es el hombre? ¿Puede atribuirse a una máquina que manifiesta de manera efectiva todas las características distintivas del hombre (hasta el punto de no saber hallar la diferencia) el adjetivo de “humana”? Isaac Asimov publicaría el libro de Tres Leyes de la Robótica “1ª) Un robot no hará daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño. 2ª) Un robot debe hacer o realizar las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la 1ª Ley. 3ª)Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la 1ª o la 2ª Ley”-, y la Saga de la Fundación.

Como sucede con lo que alguna vez ha sido imaginado, cuando se convierte en realidad lo hace de una forma sutil pero no por ello menos contundente. En nuestro ambiente tecnológico, a través del tacto estamos conectados a un sistema codificado y de búsqueda; alimentamos la gran maquinaria de información que sin duda determinará el futuro casi sin darnos cuenta, aportando parámetros de conducta incesantemente. Quizá por eso, en los últimos años tendencias artísticas que encierran cierto enigma como la poesía o la pintura abstracta estén en auge. En un espejo que nadie ve quedan encerrados perspectivas inalienables.

Frankenstein o el Moderno PrometeoLa Isla del doctor Moreau, El extraño caso del Doctor Jekyll y Mr. Hyde, El hombre Invisible, El hombre de la arena o La Eva futura, son obras que tratan temas atemporales pero que siguen teniendo vigencia en la actualidad, cuya lectura ayuda a comprender el mundo. Las máquinas pueden ser tan racionales como nosotros, y aún con mejores resultados. Habrá que buscar, por tanto, otro aspecto que nos distinga.

“Sé un artista, o al menos un “artista”. Un bohemio. Un artista sin el talento”.  ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, de Philip K. Dick.

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