El lector y la supremacía de la imagen

Vivimos en la supremacía de la imagen, el 95% de la comunicación es no verbal, se estima que al día se comparten más de 2 mil millones de imágenes a través de las redes sociales (Facebook, Whatsapp, Snapchat, Twitter, Flipboard Instagram, Flickr…); los grandes avances tecnológicos trabajan en la realidad aumentada, el cerebro es una esponja de estímulos, gastamos más del 50% de su energía en tareas visuales. ¿Y la lectura?, ¿qué papel juega en la Era de la Imagen? Cada vez disponemos de menos tiempo para asimilar lo que nos rodea, la inmediatez del nuevo siglo no anima a buscar tiempo para pararse a pensar, y el acto de coger un libro de una estantería, abrir la primera página entre las manos se ha convertido casi en un acto heroico. La afición por la lectura difícilmente puede competir con el atractivo de las nuevas tecnológicas, a pesar de la proliferación de lectores electrónicos y soportes digitales no se identifica con lo nuevo, un aspecto muy valorado en cualquier producto de entretenimiento hoy en día. ¿No será que debemos redescubrir la lectura, que muchas veces obviamos el enriquecimiento que un libro nos puede aportar? La lectura además de ser un método provechoso es gratificante.

Leer nos sirve para aprender acerca del mundo y sobre todo, acerca de cómo percibimos el mundo. Es un puente de conexión con otros lugares y culturas. De manera inconsciente despierta recuerdos y sensaciones que empujan a uno a seguir leyendo dejando a un lado sus propias  experiencias.

Sube la autoestima. Al acabar un libro que uno no creía capaz de terminar, o leer un autor que en principio consideraba “complicado”, uno se siente bien consigo mismo. Es un ejercicio muy sano el de alcanzar metas y avanzar como lector, convertirán el hábito en un placer indispensable en la vida.

Todo libro de ficción que se precie se fundamente en mover las emociones, y las emociones son el ingrediente fundamental de la vida. ¿Por qué eludir el privilegio de sentir, entonces? Una buena película o serie de televisión, ¡sí!, emociona, ¡pero un libro que despierte los sentimientos, lo hará a la enésima potencia!

Ejercicio para el intelecto. Estudios recientes han demostrado que estimula la actividad cerebral y la memoria, fortaleciendo las conexiones neuronales, en los últimos años, han sido muchas las investigaciones que han relacionado el nivel de lectura y escritura con un aumento de la reserva cognitiva. Ordena nuestra cabeza, además, nadie ha afirmado que leer tenga contraindicaciones.

Enseña a dejar a un lado los prejuicios. Al ser una actividad que realizamos en soledad, aleja al lector con mayor facilidad de los condicionamientos sociales. ¿Quién no ha leído alguna vez un libro que a nuestros allegados les parecería imposible?; bien sea por su contenido político, por la moral de alguno de sus personajes, o por el género o el estilo literario al que pertenezca. Es un buen instrumento ese el de sobrepasar nuestras propias convicciones.

Anima a la comunicación. Aunque leer es un acto personal que casi siempre se realiza en soledad, puede ser un punto de partida en la comunicación a la hora de recomendar un libro a un familiar o a un amigo, o sacar un tema a relucir a colación de uno de los personajes. Es la excusa perfecta para buscar puntos de encuentro. ¿No te ha sorprendido que alguien que no sospechabas comente de casualidad que su libro favorito es el mismo que el tuyo? Esa persona seguro que comparte alguna vivencia o una manera de ver la vida parecida a la tuya.

Elegir un libro estimula el criterio personal, convierte al lector en un arqueólogo de historias. Además, ejercita la imaginación: un libro no tiene sentido sin el lector, es la mente del libro.

Leer es parecido a amueblar nuestro yo interno. Los conocimientos y los hábitos se conjuran para dar sentido a la lectura, de alguna manera, nos insta a estimular el pensamiento libre. También es fuente de sentido del humor. Alguna vez has visto sonreír o reírse a carcajadas a un familiar o a un amigo leyendo un libro. ¿Por qué dejar pasar la ocasión?

Al abrir la primera página de cualquier novela entramos en un sano juego de introspección, bien porque nos identificamos de madera intensa con alguno de los personajes o bien, porque, sin quererlo, alguna de las tramas de la historia o la forma de actuar del protagonista despierta preguntas en nosotros que de otra forma no nos plantearíamos.

Podemos encontrar en una sola frase la llave a una puerta adormecida. Leer explota las inquietudes como seres humanos, impulsa a ir un poco más allá. ¿Qué libro marcó tu adolescencia? Sin duda, abrió una puerta adormecida.

Cualquier lector que se precie ha tenido que volver a leer una o varias líneas de un libro alguna vez porque se ha identificado con ellas, se ha dicho a sí mismo “Esto es lo que he sentido yo en algún momento de mi vida”. La lectura posee esa capacidad de crear un refugio íntimo e intransferible que nos reconcilia con nuestras propias experiencias.

Solo el lector puede dar fe de todas estas gratificaciones.

Ptdo: Seguro que reflexionando encuentras más razones para ponderar la afición por la lectura. ¡Compártelas!

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